El despertador (12-11-15)

Hoy estaba comiendo y me he pillado con la mirada perdida en el plato absorbido por mil pensamientos.

Mi cabeza era una batidora, no dejaban de pasar imágenes y fragmentos de conversaciones, de ideas, de proyectos, de elecciones, de posibilidades, etc.

Y entonces me di cuenta que una parte de mí llevaba unos días analizando situaciones del pasado, momentos en los cuales tomé una decisión o hice una elección y cómo eso determinó mi línea de tiempo.

Me di cuenta de que después de 5, 10 años, tenía la capacidad, la claridad o la serenidad de poder analizar ese momento que no importa cuándo fue, pero fue.

Entonces entendí que eso mismo pasaba cuando dejábamos este plano, porque cuando desencarnamos pasamos a un nivel de consciencia donde tenemos la capacidad y la claridad de ver desde otra óptica y sin implicación emocional las situaciones vividas.

Vemos dónde nos equivocamos, analizamos nuestros errores, etc. Estamos en modo observador.

Pero no podemos hacer nada en ese momento porque eso ya pasó, lo único que nos queda es aceptarlo, integrarlo y tener la esperanza de actuar de otra manera si vuelve a darse una situación parecida.

Entonces tenemos la sensación de que no estamos viviendo realmente cada momento. Creemos que sí, pero estamos envueltos en millones de estímulos, procesos psíquicos, emocionales, bioquímicos, condicionamientos externos, y no vemos más allá.

No somos realmente conscientes de la vida, y durante ella sólo en determinadas ocasiones tenemos momentos de despertar consciencial, iluminación o como se quiera llamar.

A veces es paseando, otras cocinando, lavando los platos, etc. No lo elegimos, simplemente sucede.

Es un momento de claridad total, todo encaja. Lo entiendes.

Y en segundos se disuelve, desaparece.

Intentas revivir el momento para llegar a esa claridad, pero ya no está.

Todo esto me ha hecho pensar en algo: ¿para qué le va a servir a la gente todo lo que les estoy explicando? ¿Qué van a hacer con toda esa información?

Mi intención es la de sacudir los cimientos y estructuras para despertar la consciencia del corazón de la gente.

¿Pero a qué está acostumbrada la gente? ¿Qué se les ha vendido? ¿La falsa imagen de un maestro perfecto llamado Jesús? ¿La de los ángeles? ¿La de Isis? ¿Cómo voy a “competir” con esa imágenes perfectas que todo el mundo tiene grabado en su inconsciente?

Un tío calvo y con energía de guerrero, vamos, con mala leche y con un toque de extraterrestre, ¿“contra” la imagen super-hiper- mega-amorosa de un ser divino?

¿Cómo voy a llegar al corazón de todos vosotros si no cumplo con los cánones inconscientes?

Obviamente está complicado y más cuando se dice lo que la gente no quiere escuchar y les tiras a la basura su fe, su esperanza, el trabajo realizado y su falsa espiritualidad.

Porque entonces, ¿qué les queda?

Nada. Pero eso es lo bueno, ¿no?

La verdad es que no me preocupa; hago lo que creo que tengo que hacer y no miro qué hacen o han hecho los demás. Intento recorrer mi propio camino.

¿Dónde voy a llegar?, no lo sé.

Pero ¿para qué deciros y explicaros todo lo que os estoy explicando? ¿cómo se puede digerir?

Y lo más importante, ¿cómo vivir sabiendo que todo está podrido y que la única solución es salir de aquí? ¿Cómo vivir -sin perderse- hasta el momento de la salida?

Lo primero que sucede cuando uno conecta con el material de las 13 Coronas, ya sean las Llaves, la Caja de Pandora, la Torre de Babel, el Templo de Cristal, las Semillas, Aymaras, sea el material que sea, lo primero que sucede es una llamada; sientes su energía, su fuerza, algo diferente y poderoso ha llegado a ti o está entre tus manos.

Sientes esperanza, ves la luz al final del camino y luego… luego sientes cómo te cargas o te “ensucias” energéticamente.

Tu energía se vuelve pesada, densa.

¿Qué ha pasado?

Se activan los miedos, los programas, el ego.

Pensamos que ya lo tenemos todo trabajado, claro, tantos años en la “espiritualidad”, ¿verdad?

Pero es inconsciente, no lo procesamos a nivel mental.

En la inconsciencia quedan un montón de temas por desbloquear porque, cuanto más aprendemos, más estrategias tiene nuestro ego y nuestra mente para camelarnos.

Por eso saltan todas las alarmas y se activan todos los programas y memorias.

Lo mismo pasa con los cursos. Muchos son llamados, pero se activan las resistencias y sólo unos pocos son los que realmente llegan.

Incluso de los que llegan, sólo unos pocos conseguirán realmente conectar con el material.

Y de los que conectan con el material, sólo una minoría sabrá cómo trabajar y sabrá lo que realmente se está haciendo y porqué se está haciendo.

¿Serás tú uno de ellos?

Y toda esa alienación proviene de las religiones, que son las que han generado los sistemas de creencias en las que se basan las sociedades y la llamada “fe”. Y sobre estos sistemas de creencias se desarrollan las personalidades o egos, a su vez controlados por los gobiernos que nosotros elegimos. Somos programados desde pequeños para ello, para ser esclavos.

Como bien dijo una compañera después de leer este artículo, somos el programador, el programa y el programado.

El programador es el espíritu que parte de la Fuente, el programa es el fractal de alma en que se divide el espíritu para tener las experiencias evolutivas en los diferentes niveles conscienciales y atómicos y lo programado es la personalidad que se crea para no perder el vínculo entre el fractal de alma y el espíritu.

Un ser evolucionado sólo busca la experiencia por sí misma, no necesita tecnología pues la naturaleza ya le provee de todo lo que necesita.

La evolución del ser está en la vida, en la interacción con ella.

Por lo tanto, desde este punto de vista todo es mucho más simple de lo que imaginamos.

Lo único que pretendo con mis reflexiones es haceros conscientes del mundo en que vivimos para que no caigamos en la tentación de creernos inocentes para luego culpar a otros y al sistema poniendo la responsabilidad de nuestros pensamientos, actos y decisiones en otros.

Lo que pretendo es justamente eso, que cada uno se haga responsable de su vida, de lo que siente y de lo que hace.

Que deje de esperar que los demás le sanen y le toquen con varitas mágicas que no existen.

Todos y cada uno de nosotros tiene el poder de autorregeneración y autosanación.

¿Acaso en la naturaleza hay médicos? ¿medicinas? No, se adaptan. No saben lo que es el sufrimiento, el odio, las magias, los contratos.

La naturaleza sólo sabe lo que es la vida, concepto que nosotros tuneamos con un montón de condicionantes y lo llamamos amor.

Y bajo la bandera de ese amor, todo vale, ¿no?

¡No!

Seguro que muchos se quedaron aplastados contra el concepto “clon” del artículo anterior.

¿Qué es un clon? ¿Puede evolucionar?

Un clon es una persona que funciona en automático, no es consciente, no está despierta. Sigue un programa, simula tener consciencia.

Evolucionar es su reto, salirse del programa.

Fragmento del material de Semillas de la Vida:

“Encontramos múltiples propuestas para trabajar los diferentes aspectos que permiten que me reconozca a mí mismo y a mi entorno sin identificarme con él.

Es un lenguaje sagrado para volver a nuestro origen y así poder reconectarnos con todos los fragmentos de nuestra alma. Necesitamos estos fragmentos para formar la unidad de consciencia que hay dentro de nosotros y en los seres que nos rodean llegando así a casa, a la Fuente Creadora. Pero primero tenemos que volver a nuestro Yo Soy, luego a la Mónada, Supramónada y por último a nuestra Divina Presencia que está conectada directamente con la Fuente.”

El 7,XX%  de la población son seres conscientes que están encarnados en una forma biológica para ayudar a despertar a los clones.

El cuerpo humano es un vehículo biológico inteligente, una máquina de nueva generación perfecta.

Lo artificial es la consciencia porque es un programa hecho de rutinas, subrutinas y algoritmos creado en una plataforma multinivel con restos de memorias, fragmentos o códigos de todos sus antecesores o padres.

¿Qué eres tú?

¿Qué fue primero, el Huevo o Gallina?

Deja un comentario